La propietaria
Dos agentes inmobiliarias se enfrentan a una dura jornada laboral en un sector inhóspito. Acarrean un empuje cotidiano que ya no da más de sí. El camino siempre hacia abajo, la necesidad del continuo engaño. Un descenso a las oscuridades de la caverna, al infierno laboral y personal. Seres antropomórficos, sombras de sombras, y ante las narices siempre colgando la zanahoria del gran negocio.