Bodas de sangre
La cotidianidad hecha tragedia y la tragedia elevada a su expresión poética, han sido los vectores de nuestro trabajo sobre el texto de Lorca. Concebimos esta obra como un acto sacerdotal, levantando el inmenso mundo simbólico de Lorca.
Cuando se tambalea el modelo de coexistencia en el mundo entero, cuando en cada individuo empieza a tambalearse su propio argumento de vida, los poetas levantan la cabeza y riegan con su conciencia avanzada el disecado hueco del alma. Tratamos de ser consecuentes con los retos de este tiempo y asumir, como dijo el poeta, la geometría del único mapa genético grabado en la sangre de todos.
Los montajes de nuestro teatro, que son ya casi treinta, han destacado según la crítica por “la profundidad, el encuentro con nuevos matices en la lectura de los textos” poniendo en relieve “las sucesivas capas de sensibilidad que contiene todo pensamiento avanzado”. En este caso de Federico García Lorca con “Bodas de sangre”.
El hombre poeta siempre ve el mundo de manera sorprendente y altamente esperada. La imaginación del poeta no nos permite bajar al estado animal y nos obliga a mantener la verticalidad del hombre. Las obras de Lorca se tejen en el aire por encima del argumento. Los hechos reales no se apoderan de la inmensidad y misterio de cada personaje, que traspasa la frontera de la tragedia y se deshace en la magia de la palabra lorquiana. Se puede decir que todos sus personajes hablan el mismo idioma, idioma poeta.
La escenografía es atemporal, o más bien íbera.
Irina Kouberskaya